En un mundo saturado de información y marcado por la inmediatez, pensar con claridad, rigor y apertura se ha convertido en una necesidad vital. El pensamiento crítico no solo permite tomar mejores decisiones profesionales, sino también comprender el entorno, cuestionar los prejuicios y construir juicios éticos sólidos. En la vida cotidiana y en la práctica científica, esta competencia es el eje que diferencia la repetición del verdadero entendimiento, la opinión del conocimiento, y la costumbre de la reflexión.
La filosofía ocupa un papel fundamental en esta tarea. Más allá de ser una disciplina abstracta, constituye una herramienta práctica para afinar la mente, fortalecer el razonamiento lógico y desarrollar hábitos intelectuales como la curiosidad, la honestidad y la apertura. Así lo demuestra una investigación reciente de la Universidad de Cambridge, publicada en el Journal of the American Philosophical Association, titulada “Studying Philosophy Does Make People Better Thinkers” (Prinzing & Vázquez, 2025). Basado en datos de más de medio millón de estudiantes universitarios, el estudio concluye que quienes se forman en filosofía superan a sus pares en pruebas de razonamiento verbal y lógico, y presentan mayores niveles de disposición intelectual, confirmando que el estudio filosófico efectivamente nos hace mejores pensadores.

No obstante, enseñar a pensar críticamente sigue siendo un desafío. Daniel T. Willingham (2008), en su artículo “Critical Thinking: ¿Why Is It So Hard to Teach?” publicado en Arts Education Policy Review, advierte que el pensamiento crítico no puede enseñarse como una habilidad aislada o genérica, sino que depende del conocimiento del contexto y de la práctica constante. Por ello, los cursos centrados exclusivamente en esta competencia solo logran sentar las bases; el verdadero desarrollo del pensamiento crítico requiere una formación transversal, desde las primeras etapas educativas y a lo largo de todas las áreas del saber.

Con esta visión, el programa de Microbiología de la Universidad Popular del Cesar ha incorporado el curso Pensamiento Crítico Científico dentro de su ciclo básico formativo, como una apuesta por integrar la filosofía en la formación científica. Al finalizar la carrera, los estudiantes también reciben talleres y capacitaciones extracurriculares que refuerzan estas habilidades antes de su egreso. Desde la dirección del programa se reconoce que este es solo un trazo dentro de una pintura más amplia, pero se confía en que constituye un cimiento firme para formar profesionales capaces de pensar mejor, investigar mejor y, sobre todo, vivir con sentido crítico y responsabilidad en la sociedad.
Manuel Pantoja Guerra. PhD.
Profesor Programa de Microbiología
Facultad de Ciencias Básicas
Universidad Popular del Cesar






















